Gerardo Hernández
Gerardo Hernández nació
en Ciudad de La Habana el 4 de junio de 1965, en el
seno de una familia humilde, siendo el tercer hijo y
el más pequeño del matrimonio de Gerardo
Hernández Martí —ya fallecido—
y Carmen Nordelo Tejera.
Toda su infancia se desarrolla en la
Víbora, caracterizándose por ser muy activo,
estudioso y aplicado.
Desde temprana edad fue admirado por
su educación formal, resaltándose su esmero
en el trato, ayuda y respeto hacia los ancianos.
La enseñanza primaria la realizó
en la escuela "Cesáreo Fernández",
en Arroyo Naranjo, obteniendo diferentes estímulos
en la emulación pioneril.
En este mismo municipio capitalino, cursa
el séptimo y octavo grados en la escuela secundaria
básica "Carlos E. Díaz Camacho",
alcanzando resultados académicos sobresalientes.
Continúa el noveno grado en la
secundaria básica "Máximo Gómez",
ocupando diferentes responsabilidades y concluyendo
entre los primeros expedientes de su curso.
Comienza sus estudios preuniversitarios
en 1980, ocupando diferentes cargos en la FEEM. Fue
elegido delegado al pleno municipal de la organización,
y en 1980 se le otorgó la condición de
aspirante a la Unión de Jóvenes Comunistas.
En onceno grado fue elegido miembro del
Consejo Municipal de la FEEM e ingresó en las
filas de la UJC, ocupando el cargo de secretario general
de su comité de base en doce grado.
Comienza sus estudios universitarios
en agosto de 1983, en el Instituto Superior de Relaciones
Internacionales (ISRI) "Raúl Roa García",
culminando los mismos en 1989 con muy buenos resultados.
Durante la etapa universitaria fue miembro
del comité de la juventud del instituto y se
destacó por su participación en festivales
de aficionados de la FEU como parte del grupo de teatro
y como caricaturista-humorista. Se caracterizó
por ser un estudiante entusiasta y creativo.
En 1988 contrae matrimonio con su actual
esposa, Adriana Pérez O’Connor.
Parte a cumplir misión internacionalista
en la República Popular de Angola en 1989, siendo
ubicado en una brigada de tanques, donde se destacó
por su valentía y decisión en 54 misiones
combativas.
En 1990, al concluir su misión,
fue condecorado con las medallas Combatiente Internacionalista
y por la Amistad Cuba-República Popular de Angola.
En 1993 se le otorga la militancia en
el Partido Comunista de Cuba.
A mediados de los años noventa,
cumple misiones en Estados Unidos dirigidas a prevenir
a Cuba de acciones de corte terrorista, planificadas
y ejecutadas por organizaciones contrarrevolucionarias
radicadas en Miami.
En ese país laboró haciendo
trabajos como artista gráfico. Vivió en
condiciones de austeridad, con los medios imprescindibles
y sin lujos de ningún tipo. Era respetado por
sus vecinos en Miami, amistades y conocidos, por su
excelente comportamiento social, quienes así
lo expresaron públicamente a raíz de su
detención.
De alta sensibilidad humana hacia todas
las personas, sentido del humor que refleja a través
de sus dibujos e historietas cómicas y capacidad
para exponer con claridad sus ideas, todo lo cual lo
convierte en un compañero querido y admirado
por quienes lo rodean.
En 1997 fue electo, en ausencia, delegado
de honor al XIV Festival Mundial de la Juventud y los
Estudiantes, celebrado en nuestro país, lo cual
apreció como un altísimo honor cuando
se le comunicó.
La madre, Carmen Nordelo Tejera, es emigrada
española desde 1950, procede de Isla Canarias,
donde nació el 15 de febrero de 1933. Es ama
de casa y ha participado activamente en las actividades
de las organizaciones de masa.
Profesa un extraordinario amor por su
hijo Gerardo y se siente orgullosa de que se hayan desarrollado
en él elevadas cualidades humanas y revolucionarias.
A pesar de los serios sufrimientos que
le ha originado el fallecimiento de una de sus hijas
y la sentencia de cadena perpetua que pesa sobre Gerardo,
ha resistido estoicamente en estos años, manteniendo
una total discreción y control de sus estados
de ánimo, para no afectar las posiciones de su
hijo.
Gerardo posee dos hermanas: Isabel Hernández
Nordelo, nacida el 2 de agosto de 1958, casada y trabajadora
de Labiofam, y la otra hermana, María del Carmen
Hernández Nordelo, quien falleció en febrero
de 1998 en un accidente aéreo junto a otros directivos
del Instituto Técnico Militar "José
Martí". María del Carmen Hernández
Nordelo ostentaba el grado de teniente coronel y formaba
parte de la dirección del Instituto Técnico
Militar (ITM). Ante este hecho, que marcó profundamente
a Gerardo, y aun cuando se crearon condiciones para
su viaje desde Estados Unidos a Cuba al sepelio, decidió
permanecer cumpliendo sus importantes misiones como
homenaje póstumo a su hermana.
Desde 1989 su esposa es Adriana Pérez
O’Connor, nacida el 18 de enero de 1970, graduada
de ingeniería química y quien ha ocupado
cargos de dirección administrativos, demostrando
cualidades para estas tareas. Actualmente es especialista
del Instituto de Investigaciones para la Industria Alimenticia
en la isla, militante del Partido e integrante de nuestras
organizaciones de masa.
Adriana siempre ha constituido un inestimable
apoyo para Gerardo por la comprensión e identificación
con sus tareas.
Cargos imputados:
a. Conspiración para cometer delitos contra Estados
Unidos. Comprende una sanción de hasta 5 años
b. Conspiración para cometer espionaje. Comprende
una sanción de cadena perpetua.
c. Conspiración para cometer asesinato. Comprende
hasta una sanción de cadena perpetua.
d. Obtener y usar documentos falsos. Comprende una sanción
de hasta 5 años. Agravado con dos cargos más
por utilizar ilegalmente cinco o más documentos
de identidad.
e. Agente extranjero no declarado. Comprende una sanción
de hasta 10 años. Agravado con seis cargos más
por ayudar y persuadir a René, Antonio, Nilo,
Linda, Germán y Alonso a convertirse en agentes
extranjeros no declarados.
Argumentación de por qué es inocente:
Se aplicó la pena máxima para cada delito
sin tener en cuenta ninguna atenuante, incluyendo dos
cadenas perpetuas, lo que demuestra el carácter
irracionalmente desmesurado de las sanciones. Según
la ley norteamericana se sanciona con la máxima
cuando el acusado es potencialmente peligroso, reincidente
y agresivo. Nunca existió quejas del jurado,
de la jueza ni de la Fiscalía sobre el comportamiento
de los acusados, ni se les comprobaron actitudes moral
y éticamente inadecuadas durante el tiempo que
residieron como ciudadanos en ese país.
No se tuvo en cuenta, ni siquiera como atenuante, el
estado de necesidad
Los delitos a) Conspiración para cometer delitos
en Estados Unidos y b) Conspiración para cometer
espionaje son prácticamente lo mismo, y sin embargo,
para cada uno se aplicó el mayor porcentaje.
No hay pruebas directas que argumenten haberse cometido
el delito de conspiración. En el caso de delito
de espionaje, en un caso sin precedentes, es condenado
sin que fueran presentadas pruebas o testimonios que
mostrasen que habían obtenido o buscado informaciones
para perjudicar a ese país. Hubo testigos que
específicamente negaron que hubiese realizado
espionaje: los generales Clapper, Whilelm y Atkisson,
el almirante Carroll y el coronel Buckner.
En el caso del delito c) Conspiración para cometer
asesinato. El informe probatorio no argumenta con pruebas
directas ni testigos, ni siquiera pruebas circunstanciales,
que se haya cometido el delito de asesinato Las víctimas,
en este caso, provocaron, burlaron y desobedecieron
el Sistema de Control de Tráfico Aéreo
Cubano, la Asociación de Aeronáutica Civil
de Cuba y la Fuerza Aérea Cubana. Las provocaciones
se llevaron a cabo tras una larga serie de incursiones
aéreas en el espacio del territorio cubano.
El delito de asesinato aparece ocho meses después
de la primera acta de acusación. La prensa de
Miami anuncia antes que la corte que "los espías
están relacionados con el derribo de las avionetas".
No puede ser probada la causalidad en el delito de asesinato,
pues Gerardo Hernández no podía decidir
ni alterar la decisión de "Hermanos al Rescate"
para hacer esos vuelos el día 24 de febrero de
1996.
El FBI conoce que cuando se produce el hecho de las
avionetas, Gerardo Hernández estaba de vacaciones
en Cuba.
Al juzgar la conducta del Estado Cubano, el Tribunal
de Miami violó el Derecho Internacional y la
Doctrina del Acto de Estado al personalizar esa conducta
en Gerardo que no representa a ese Estado ni desempeñaba
ninguna función en la fuerza aérea cubana
ni tuvo participación alguna en el incidente
ocurrido ese día
En el caso del delito d) Obtener y usar documentos falsos,
el mismo delito fue considerado además como un
agravante, lo que contradice la ley pues debe ser considerado
una cosa o la otra. No cometió actos delictivos
al usar la documentación falsa.
En el caso del inciso e) Agente extranjero no declarado,
para ser condenado por este estatuto el acusado tiene
que haberse demostrado conocedor del requisito de registración
exigido por la ley. Aunque en general el desconocimiento
de la ley no exime al ciudadano de su cumplimiento,
hay casos atípicos en que algunos acusados han
sido exonerados porque el estatuto que aplicado no era
de conocimiento común, tal como pasa en este
caso.
Alegato presentado en la vista de sentencia
celebrada el jueves 12 de diciembre de 2001 por el compañero
Gerardo Hernández Nordelo
Su señoría:
Quisiera antes que todo expresar unas breves palabras
de agradecimiento a un grupo de oficiales del gobierno
federal que laboraron durante nuestro largo y complejo
juicio dentro y fuera de esta sala. Me refiero a los
traductores, estenógrafos, alguaciles y demás
asistentes, quienes en todo momento demostraron un alto
nivel ético profesional.
Es justo expresar también de forma pública
nuestro más profundo agradecimiento a los abogados
que tan magistralmente nos representaron y a todas las
personas que los asistieron en tan difícil tarea.
En aras de no malgastar su preciado tiempo pretendo
ser lo más breve posible. Somos cinco los defendidos
en este caso y compartimos muchos criterios y opiniones,
por lo que evitaré hacer referencia a importantes
aspectos que sé que ellos querrán abordar
en sus intervenciones.
Por otra parte, se requeriría demasiado tiempo
para señalar cada una de las inconsistencias
de la Fiscalía y sus testigos, cada uno de sus
esfuerzos por utilizar y a veces manipular pequeñas
porciones de la evidencia y tratar de ignorar la mayor
y esencial parte de la misma.
No alcanzarían estos minutos para destacar todos
los intentos de los señores fiscales por hacer
que el Jurado se guiara por sus emociones y prejuicios
más que por los hechos y las leyes; tampoco habría
tiempo para señalar cada una de las razones que
hacen de este un proceso eminentemente político.
Y además, puede que no sea necesario, porque
nadie conoce mejor que Usted lo que realmente ocurrió
en esta Sala entre diciembre del año 2000 y junio
del 2001. No obstante, existen algunos elementos que
no se deben pasar por alto.
Quienes desconocen cómo se ha comportado históricamente
el sector más radical de la comunidad cubana
de Miami, quienes no ven la televisión en español
ni escuchan la llamada "Radio Cubana", tal
vez pudieran haber pensado honestamente que nosotros
podríamos tener un proceso imparcial y justo
en esta ciudad. Lamentablemente hay muchas realidades
que el pueblo norteamericano aun desconoce. Nosotros,
desde el instante preciso en que se nos negó
la posibilidad de realizar el juicio fuera de Miami,
no albergamos la más mínima duda sobre
cuál iba a ser el resultado.
Sería deshonesto no reconocer que en la medida
en que el proceso avanzaba y teniendo en cuenta los
contundentes argumentos y evidencias de la defensa,
unido a la actuación a veces desesperada de la
Fiscalía y a las reacciones de la propia prensa,
por momentos llegamos a pensar que lo que parecía
imposible en esta comunidad tal vez ocurriera. Pero
el Jurado, con su rápido e inequívoco
veredicto, hizo realidad nuestro primer pronóstico.
Después de seis meses de complejo y agotador
proceso, con decenas de testimonios y extensas evidencias,
necesitaron sólo unas pocas horas para, sin siquiera
hacer una pregunta o expresar una duda, alcanzar un
veredicto unánime.
Bastaría con leer las declaraciones que hizo
a la prensa la figura principal de ese Jurado para comprender
que nunca tuvimos la más mínima oportunidad
y que influyeron más los prejuicios o las últimas
y engañosas palabras de los señores fiscales
que los argumentos que se escucharon aquí durante
medio año.
Y cuando hago referencia a las actitudes engañosas
de la Fiscalía no pretendo hacer una acusación
irrespetuosa o sin fundamento. Como expresé antes,
no alcanzaría el tiempo para señalar todos
los ejemplos. Baste recordar que la persona encargada
de traducir la mayor parte de las evidencias utilizadas
por la Fiscalía y quien fue presentada como experta
en su especialidad, aseguró ante esta Sala que
la palabra "plastilina" del español
se utiliza para referirse al explosivo plástico,
cuando cualquier niño hispano conoce, sin necesidad
de ser experto, que la única plastilina de nuestro
idioma es lo que en inglés se conoce como "molden
clay". Dicho sea de paso, el documento de la mencionada
plastilina fue utilizado y reutilizado una y otra vez
de forma alarmista por los señores fiscales,
aún conociendo, porque lo conocen, que no tiene
nada que ver con ninguno de los cinco acusados.
Resulta igualmente ridículo que en un juicio
a quienes se acusa de ser peligrosos espías y
de atentar contra la seguridad nacional, la parte acusadora
hiciera hincapié de forma reiterada en un supuesto
incidente ocurrido en Cuba con un taxista del principal
aeropuerto de ese país, en momentos en que la
isla acababa de sufrir una ola de atentados terroristas.
Me pregunto cuántos taxistas en estos mismos
momentos estarán siendo observados por el FBI
en aeropuertos de los Estados Unidos, no sólo
por manifestar su descontento con el Gobierno, sino
probablemente por sólo usar turbantes. Y es que
para comprender las actitudes de un país o sus
ciudadanos es necesario vivir, o sufrir, sus realidades
cotidianas. El mencionado incidente, por inconcebible
que parezca, no escapó ni siquiera al informe
del P.S.I, aún cuando nadie sabría explicar
qué relación puede tener con los delitos
que se me imputan.
Ya que he mencionado el reporte del P.S.I, me gustaría
hacer referencia brevemente a unas palabras que escribí
para el mismo (y cito): "Cuba tiene derecho a defenderse
de los actos terroristas que se preparan en la Florida
con total impunidad a pesar de haber sido históricamente
denunciados por las autoridades cubanas. Es el mismo
derecho que tienen los Estados Unidos de tratar de neutralizar
los planes de la organización del terrorista
Osama Bin Laden que tanto daño ha causado a este
país y amenaza con seguirlo haciendo. Estoy seguro
que los hijos de este país que cumplen esa misión
son considerados patriotas y su interés no es
dañar la seguridad nacional de ninguno de los
países donde esas personas se refugian."
(fin de la cita).
Esas palabras fueron escritas para el informe del P.S.I
y enviadas a mi abogado para su traducción muchos
días antes de los tristes y repudiables sucesos
del 11 de septiembre, y hoy cobran mayor vigencia. Tal
y como expresara el señor Presidente de los Estados
Unidos en su última comparecencia ante la Organización
de las Naciones Unidas, es necesario que todos los países
se unan en la lucha contra los terroristas, pero no
contra algunos terroristas, sino contra todos los terroristas.
Yo agregaría que mientras se condenen las acciones
de algunos de estos criminales y a otros se les albergue,
se les permita actuar con impunidad contra la seguridad
y soberanía de otros países y se les considere
"luchadores por la libertad", nunca se podrá
erradicar ese flagelo, y siempre habrá pueblos
que para defenderse necesiten enviar a algunos de sus
hijos a cumplir riesgosas misiones, ya sea en Afganistán
o en el sur de la Florida.
Su Señoría, se nos acusó de haber
conspirado para cometer espionaje y dañar la
seguridad nacional de los Estados Unidos. Se nos ha
puesto al mismo nivel de los peores espías que
se hayan conocido sin que para ello exista una sola
prueba contundente y sin haber causado daño alguno,
sólo sobre la base de suposiciones. La nuestra
quizás sea una de las acusaciones de espionaje
más ridículas en la historia de este país.
Todo cuanto pretendimos hacer e hicimos aparece bien
claro en la evidencia presentada. A la persona que más
cerca estuvo de algo militar, después de llevar
seis años trabajando en su insignificante puesto,
todo lo que se le pedía era que tratara de buscar
una posición que le permitiera estar más
cerca de las pistas para poder observar la cantidad
de aviones. Eso no es espionaje. Las evidencias y los
testimonios ofrecidos por personas altamente calificadas
en la materia así lo demuestran.
Por otra parte, es cierto que durante años algunos
de los acusados tuvimos en nuestro poder documentos
de identidad falsos, pero su único objetivo era
garantizar nuestra seguridad. Como Jueza, usted conoce
cuántos delitos se pueden cometer con una falsa
documentación, sin embargo, en esta Sala se reconoció
que el único uso dado a esos documentos, cuando
se les dio alguno, estuvo encaminado exclusivamente
a proteger nuestra integridad y la de nuestras familias.
Quisiera que me permita hacer referencia brevemente
a lo que considero es la razón por la cual todos
nos encontramos aquí en este momento: el cargo
tercero del pliego acusatorio, "conspiración
para cometer asesinato".
Los señores fiscales y las autoridades del FBI
conocen y conocían desde un principio qué
fue lo que verdaderamente ocurrió antes, durante
y después del 24 de febrero de 1996. Ellos mismos
tuvieron que reconocer que los mensajes de alta frecuencia
que escogieron revelar como evidencia son solo una ínfima
parte de todos los que interceptaron. Ellos conocen
la verdadera historia. Saben que no existió ninguna
conspiración para derribar esos aviones, y mucho
menos para hacerlo sobre aguas internacionales. Saben
perfectamente que no solo Gerardo Hernández,
sino que ni siquiera Juan Pablo Roque tuvo nunca nada
que ver con un plan para derribar las avionetas. Conocen
que el regreso de Roque se había estado planificando
desde mucho tiempo antes por razones estrictamente personales
y que en febrero de 1996 se le orientó que fuera
él mismo quien escogiera la fecha de su partida,
recomendándosele el día 23 o el 27 de
acuerdo a la disponibilidad de pasajes aéreos.
Si hubiera existido un plan del cual Roque fuera parte,
¿cómo es posible que pudiera permanecer
aquí hasta el día 27? Ese es solo un detalle
de los muchos que hacen de este cargo el más
absurdo e infame de todos los que se nos imputaron.
Después de dos años de estrecha vigilancia,
habiendo grabado la mayoría de nuestras conversaciones
telefónicas y personales y confiscado una gran
cantidad de materiales de aquella época, los
fiscales no pudieron presentar en este juicio ni una
sola evidencia que muestre sin duda razonable que Gerardo
Hernández conspiró para derribar esas
avionetas o que facilitó en alguna medida su
derribo. Basaron todo su caso en puras especulaciones,
en pequeños extractos de los documentos, manipulados
y sacados de contexto, y sobre todo en lo emotiva y
susceptible que sabían resultaría esa
acusación debido a la pérdida de vidas
humanas.
Cabría preguntarse qué motivó a
la Fiscalía a montar todo su show propagandístico
alrededor de ese cargo y a buscar a toda costa la condena
de alguien que ellos saben que no tuvo nada que ver
con la muerte de esas personas. La respuesta quizás
no sea tan difícil. Baste recordar la enorme
presión ejercida por algunos sectores de la comunidad
cubana que no quedaron satisfechos con las sanciones
económicas adoptadas contra Cuba tras los sucesos
del 24 de febrero. Las reiteradas acusaciones de estas
personas y organizaciones contra el gobierno de los
Estados Unidos por, según ellos, ser cómplice
en esos sucesos y por no haber hecho nada por castigar
a los responsables, se tornaban cada vez más
molestas, como molesto e imperdonable resultaba para
esos cubanos de Miami que la Oficina Regional del FBI
hubiera infiltrado informantes en varias organizaciones
del llamado "exilio", incluyendo a los "Hermanos
al Rescate". Se hacía necesario limpiar
la imagen y mejorar las relaciones, y para ello nada
mejor que encontrar, o fabricar, un culpable.
Las autoridades sabían que se trataba de una
situación en la cual siempre ganarían.
Si me hallaban culpable de ese cargo, mucho mejor. Si
era hallado inocente, por improbable que esto pareciera,
de todos modos ganaban, porque podrían silenciar
a quienes los acusaban de no haber juzgado a nadie.
Tal vez alguna persona, por ingenuidad o desconocimiento,
pueda pensar que con mis palabras estoy exagerando la
importancia que algunas autoridades norteamericanas
conceden a las opiniones y reacciones del sector más
extremista de la comunidad cubana. A esas personas me
permito recordarles que el hecho de que los ciudadanos
de esta nación no puedan viajar libremente a
Cuba, o fumar tabacos cubanos, o comerciar con productos
de ese país sin restricciones, o simplemente
inmunizar a sus hijos contra enfermedades cuyas únicas
vacunas son de patentes cubanas, no responde precisamente
a las exigencias o intereses del pueblo norteamericano.
Su Señoría, he dicho siempre y reitero
ahora que lamento profundamente la pérdida de
esas cuatro vidas y comprendo el dolor de los familiares.
Lamento también las miles de vidas que se han
perdido por las constantes agresiones que durante más
de 40 años ha tenido que sufrir mi pueblo, y
el luto perenne de muchísimas familias cubanas.
Esos muertos también tienen nombres y rostros,
aunque sus fotografías no se puedan mostrar en
esta sala.
Cuba no provocó ese incidente. Por el contrario,
lo previno y trató de evitarlo por todas las
vías a su alcance. El principal argumento de
la Fiscalía durante el juicio fue que se trató
de un crimen porque eran aviones civiles y desarmados.
Recientemente esta nación ha conocido, de forma
triste y brutal, cuanto daño puede hacer a sus
habitantes un avión civil y desarmado. Tal vez
por eso sus máximos dirigentes han advertido
que todo avión que se aleje amenazadoramente
de su ruta podría ser derribado aun cuando lleve
a bordo a cientos de pasajeros. Quizás los señores
fiscales consideren que eso sería un crimen.
Su señoría ha dicho hoy que este país
cambió su "percepción del peligro"
después del 11 de septiembre; desgraciadamente,
Cuba tuvo que cambiarla desde el 1ro de Enero de 1959,
y eso es lo que no se quiere comprender.
Los principales responsables de lo ocurrido el 24 de
febrero de 1996 son los mismos que no cesan en su empeño
de provocar un conflicto bélico entre los Estados
Unidos y Cuba para que el ejército de este país
les haga lo que no han podido hacer ellos en 40 años.
Ya sean flotillas, violaciones del espacio aéreo,
falsas acusaciones o cualquier otro engendro, el objetivo
es el mismo: que los Estados Unidos borren de la faz
de la tierra al gobierno de Cuba y a quienes lo apoyan,
sin importar cual sea el costo en vidas humanas de uno
u otro bando. Se podría decir con certeza que
si alguien ha puesto en peligro en reiteradas ocasiones
la seguridad nacional de este país, son esos
grupos de cubanos extremistas.
La Fiscalía dijo en esta Sala, durante sus argumentos
finales, que Gerardo Hernández tiene sus manos
manchadas de sangre. Me pregunto quién tendrá
realmente las manos manchadas de sangre, si yo, o el
individuo que disparó un cañón
contra un hotel de La Habana lleno de personas; que
es el mismo individuo que aparece en la evidencia de
este caso planificando introducir en Cuba armas antipersonales;
la misma persona que se cansó de desafiar abierta
y temerariamente a las autoridades cubanas violando
las leyes de aquel país, las de este país,
y las normas más elementales de la aviación
internacional; la misma persona que no solo no tuvo
ningún reparo en llevar a esos jóvenes
a la muerte, sino que en los momentos de mayor tensión,
cuando aun podía interrumpir sus planes, no lo
hizo, y en cambio dejó grabada su risa para la
historia mientras sus compañeros morían.
Esa persona si tiene sus manos manchadas de sangre,
y sin embargo a los señores fiscales no les importó
cuando estrecharon esas manos en reiteradas ocasiones,
incluso en esta misma Sala. Tampoco le importó
a los fiscales ni a las máximas autoridades del
FBI de Miami compartir con esa misma persona la tribuna
y la euforia durante la conferencia de prensa el día
del veredicto. Contradictoria actitud de quienes dicen
representar la ley.
Que sepan los señores fiscales que la única
sangre que podría haber en estas manos es la
de mis hermanos caídos o asesinados cobardemente
en las incontables agresiones y actos terroristas perpetrados
contra mi país por personas que hoy caminan tranquilamente
por las calles de esta ciudad. Sangre por la que un
día juré que estaría dispuesto
a sacrificar mi propia vida si con ello podía
proteger a mi pueblo de semejantes crímenes.
Su señoría, la Fiscalía considera,
y así lo ha pedido, que debo pasar el resto de
mi vida en una cárcel. Confío en que si
no es en este, en algún otro nivel del sistema,
la razón y la justicia prevalecerán por
encima de los prejuicios políticos y los deseos
de venganza y se comprenderá que no hemos hecho
ningún daño a este país, que merezca
semejante condena. Pero si así no fuera, me permitiría
repetir las palabras de uno de los más grandes
patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando
dijo: "Solo lamento no tener más que una
vida para entregar por mi patria".
Muchas gracias.
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