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Antonio Guerrero Rodríguez
 
Antonio Guerrero Rodríguez nació el 18 de octubre de 1958 en Miami, siendo hijo de una familia humilde. Sus padres son Antonio Guerrero Cancio, fallecido, y Mirta Rodríguez Pérez.
En 1959, a pocos días del triunfo de la Revolución, los padres deciden regresar a Cuba e incorporarse a las tareas del proceso revolucionario. Su historia estudiantil comienza en 1962, al matricular en la escuela "Lazo de la Vega", donde cursa toda la primaria hasta 1970.
Su desarrollo escolar fue en ascenso, destacándose como uno de los mejores estudiantes de su grupo. Posteriormente ingresa en la secundaria básica "José María Heredia", donde cursa el séptimo y octavo grados, fue responsable de deportes de la escuela, y comenzó a destacarse en los deportes de pelota y fútbol. Cursa el noveno grado en la escuela vocacional de Vento.
En 1973 comienza sus estudios preuniversitarios en la escuela vocacional "Vladimir Ilich Lenin", donde continúa destacándose por sus buenos resultados docentes y su entusiasta participación en actividades extraescolares. Fue presidente de la FEEM del regional de Boyeros.
En 1974 ingresa en la Unión de Jóvenes Comunistas, ocupando el cargo de secretario organizador del comité de base.
Al concluir sus estudios preuniversitarios, se gana una beca para estudiar, en la antigua Unión Soviética, ingeniería en construcción de aeródromos, y en 1983 se gradúa con un índice académico de 4,7 puntos y 5 puntos en la tesis de grado.
En su evaluación se consigna que fue un verdadero ejemplo de estudiante revolucionario. Llegó a ocupar cargos en el secretariado del comité de base, como secretario de deportes del comité de la juventud, y durante dos años, como presidente de los estudiantes de la ciudad donde estudiaba.
A su regreso a Cuba es asignado a Cubana de Aviación, y comienza a trabajar como especialista en arquitectura de aeródromos, ocupando rápidamente el cargo de jefe de sección de aeródromos en el aeropuerto. Fue secretario general del comité de base y secretario e ideológico del comité de la juventud.
En 1989 le es otorgada la militancia en el Partido Comunista de Cuba. En este período contrae matrimonio con Delgis Cabrera Puentes, y de esta unión nace su hijo mayor, Antonio Guerrero Cabrera, Tonito, quien hoy cuenta con 16 años de edad y reside junto a su madre en Santiago de Cuba. Tonito estudia el décimo grado en un pre urbano de esa ciudad.
Se mantuvo trabajando en las tareas del aeropuerto "Antonio Maceo", donde recibió evaluación de excepcionalmente positivo, en la principal obra que le fue asignada: la ampliación de la pista de dicho aeropuerto, tomada como ejemplo de modelo constructivo, y en cuya inauguración participó el Comandante en Jefe, a quien le explicó, personalmente, los pormenores de la obra.
En 1991 se casa con la ciudadana de origen panameño Niccia Pérez Barreto y ambos se van a vivir a Panamá; de esta unión nace su segundo hijo, Gabriel Eduardo Guerrero, quien en la actualidad tiene 10 años de edad.
Posteriormente se traslada a Estados Unidos, donde desempeña varios trabajos eventuales, hasta que a través de una amistad le ofrecen un empleo temporal, mejor remunerado, en el departamento de obras públicas de la estación Aeronaval de Cayo Hueso.
En Estados Unidos tuvo una vida austera y sencilla, obteniendo limitados ingresos económicos a través de su trabajo como ayudante en un taller de mantenimiento en Cayo Hueso. Allí conoció a la norteamericana Margaret Bécquer, Maggy, con quien convivió varios años y contrajo matrimonio en 1998.
Maggy conoció de la colaboración de Guerrero a raíz de su detención y a partir de esos hechos ha mantenido una actitud de apoyo moral y material, asistiendo periódicamente a la cárcel, organizando para su publicación un numeroso grupo de poemas elaborados por Antonio y, al mismo tiempo, mantiene relaciones con sus familiares en Cuba.
Antonio es un compañero con profundas convicciones ideológicas. A pesar de los estrechos lazos familiares y afectivos que lo unen con su madre y su hermana y el apego a su país, no titubeó en sacrificar estas vivencias por ayudar a su patria en el exterior.
Tiene la cualidad de ser muy meticuloso. En Estados Unidos desarrolló la práctica de ejercicios yogas y el consumo de vegetales a fin de mantenerse en forma, como lo demandaban las fuertes presiones a que se vio sometido.
Era respetado y querido por sus compañeros de trabajo, por su buen carácter, estado de ánimo, alegre, su disposición a ayudar al necesitado y la calidad como trabajador, algunos de cuyos rasgos fueron comentados por la propia prensa y por compañeros de trabajo de Cayo Hueso.
A pesar de vivir insertado en la sociedad norteamericana, casado con una nacional y con un vínculo laboral estable en un centro de trabajo, con predominio de naturales del país, mantuvo y cultivó sus raíces culturales y sus tradiciones, buscando todo lo que de forma justificada lo vinculara a Cuba.
La familia más cercana de Tony está integrada por:
Mirta Rodríguez Pérez, su madre, actualmente jubilada, quien tiene una activa participación en el círculo de abuelos del barrio, donde es la activista principal; allí da a conocer los poemas de Tony, que tienen mucha aceptación entre sus integrantes. Mirta viajó a Miami por espacio de varios meses, donde visitó a su hijo y participó en algunas sesiones del tribunal.
Bernardo Menéndez, reconocido actor cubano, ya fallecido, quien era padrastro de Tony y contribuyó a su formación y educación desde la infancia.
María Eugenia Guerrero Rodríguez, la hermana, miembro del Partido Comunista, graduada universitaria, representante de la firma disquera Luz-Africa, y quien mantiene estrechas relaciones con su hermano y un alto grado de afinidad.
Antonio Guerrero, el hijo de un primer matrimonio de Tony en Santiago de Cuba, donde vive en la actualidad, estudia en un pre urbano de la ciudad, tiene 16 años de edad, con el cual Tony mantiene un intercambio sistemático de cartas y llamadas telefónicas desde la prisión. Los familiares en La Habana, también le dan una esmerada atención al mismo.

Cargos imputados:


a. Conspiración para cometer delitos contra Estados Unidos: Comprende una sanción de hasta 5 años.
b. Conspiración para cometer espionaje. Comprende una sanción de cadena perpetua.
c. Agente extranjero no declarado. Comprende una sanción de hasta 10 años.


Argumentación de por qué es inocente:
Se aplicó la pena máxima para cada delito sin tener en cuenta ninguna atenuante, incluyendo una cadena perpetua, lo que demuestra el carácter irracionalmente desmesurado de las sanciones. Según la ley norteamericana se sanciona con la máxima cuando el acusado es potencialmente peligroso, reincidente y agresivo. Nunca existió quejas del jurado, de la jueza ni de la Fiscalía sobre el comportamiento de los acusados, ni se les comprobaron actitudes moral y éticamente inadecuadas durante el tiempo que residieron como ciudadanos en ese país.
No se tuvo en cuenta para ningún delito, ni siquiera como atenuante, el estado de necesidad
Los cargos a) Conspiración para cometer delitos en Estados Unidos y b) Conspiración para cometer actos de espionaje prácticamente son lo mismo. Sin embargo se imputa la pena máxima en ambos casos. No existen pruebas directas que demuestren el delito de conspiración. En el caso del delito de espionaje, en un caso sin precedentes, es condenado sin que fueran presentadas pruebas o testimonios que mostrasen que habían obtenido o buscado informaciones para perjudicar a ese país. Hubo testigos que específicamente negaron que hubiese realizado espionaje: los generales Clapper, Whilelm y Atkeson, el almirante Carroll y el coronel Buckner.
En el caso del inciso c) Agente extranjero no declarado, para ser condenado por este estatuto el acusado tiene que haberse demostrado conocedor del requisito de registración exigido por la ley. Aunque en general el desconocimiento de la ley no exime al ciudadano de su cumplimiento, hay casos atípicos en que algunos acusados han sido exonerados porque el estatuto que aplicado no era de conocimiento común, tal como pasa en este caso.
Se violó la Declaración de los Derechos Civiles y Políticos a Antonio Guerrero, ciudadano norteamericano por nacimiento.

Alegato presentado en la vista de sentencia celebrada el jueves 27 de diciembre de 2001 por el compañero Antonio Guerrero Rodríguez


Ahora, en este punto,
me yergo con mi alma robusta.
(Walt Whitman,
en "Canto de mí mismo")


Su Señoría:
Permítame expresar que comparto todo lo expuesto en esta Sala por mis cuatro hermanos de causa: Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González y Fernando González. Ellos hablaron con dignidad y coraje ante esta Corte. Nuestros alegatos se fundamentan en la estricta verdad, en la solidez de los principios que abrazamos y en el honor del heroico pueblo cubano. Honrado es destacar que los abogados y sus asistentes actuaron con gran profesionalidad, honestidad y valor, así como que el trabajo de las traductoras, de Liza, de Richard y de los alguaciles fue con una alta ética y profesionalismo.
Al comienzo escribí en el diario de mis largos días: "...el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber." Son palabras de José Martí, que a más de un siglo de expresadas, impulsan, viven y son esencia de lo más puro y altruista.
Muchas veces es difícil
encontrar vocablos precisos,
pero estos han estado dentro de mí:
agolpados,
estremecidos,
incubados en la verdad,
esperando romper la fuente y ver la luz.
Y ha llegado el día.
Permítame explicar, Su Señoría, de la forma más diáfana y concisa, mi razón:
Cuba,
mi pequeño país, ha sido
atacado
agredido
y calumniado,
década tras década,
por una política
cruel,
inhumana
y absurda.
Una guerra verdadera,
voraz y abierta
de terrorismo,
precursor del horror;
de sabotaje,
generador de ruinas;
de asesinato,
causante del dolor,
del dolor más profundo,
la muerte.
No solo los documentos y datos del Gobierno de Cuba han puesto al descubierto esta agresión, sino los propios documentos secretos del gobierno de los Estados Unidos, que él mismo ha desclasificado.
Esta agresión ha incluido el reclutamiento, pago y entrenamiento de agentes contrarrevolucionarios por la CIA; la Invasión de Girón; la Operación Mangosta; pretextos para una intervención militar; planes de asesinato a jefes de Gobierno y Estado; infiltraciones de grupos armados; sabotajes; violaciones del espacio aéreo; vuelos espías, riego de sustancias bacteriológicas y químicas; ametrallamiento a las costas y edificaciones; bombas en hoteles y otros centros sociales, culturales, históricos y turísticos; provocaciones de todo tipo, con crueldad y con saña.
Y como resultado de estos actos:
Más de tres mil cuatrocientos muertos; la incapacidad total o parcial de más de dos mil personas; cuantiosos daños materiales a la economía, a la fuente de la vida; cientos de miles de cubanos que nacen y crecen bajo un férreo bloqueo y en el clima hostil de la guerra fría. Terror, vicisitudes y dolor sobre el pueblo.
¿Dónde se han fraguado y financiado tan incesantes y despiadados actos?
En su gran mayoría, en el propio territorio de los Estados Unidos de América.
¿Qué se ha hecho por parte de las autoridades del gobierno de este país para evitarlos?
Prácticamente nada... Y la agresión no ha cesado...
Hoy, aún transitan libremente por las calles de esta ciudad personas que son responsables de algunas de estas acciones. Y estaciones de radio y otros medios publican y promueven nuevos hechos de agresión contra el pueblo cubano.
¿Por qué tanto odio hacia el pueblo de Cuba?
¿Porque Cuba escogió
un camino distinto?
¿Porque su pueblo
quiere el socialismo?
¿Porque eliminó
el latifundio y erradicó el analfabetismo?
¿Porque le dio educación
y atención médica gratuitas
a su pueblo?
¿Porque le da
un libre amanecer a sus niños?
Cuba jamás ha atentado contra la seguridad nacional de los Estados Unidos ni cometido un acto de agresión ni de terrorismo contra este país; quiere profundamente la paz y la tranquilidad y desea las mejores relaciones entre ambos pueblos. Ha demostrado que admira y respeta al pueblo norteamericano.
"Cuba no es un peligro militar para los Estados Unidos", declaró en esta Sala el Almirante Carroll.
El peligro militar para los Estados Unidos que ofrece Cuba es "cero", testificó el General Atkinson.
Incuestionable es el derecho de mi Patria -como el de cualquier otro país- a defenderse de quienes intentan hacer daño a su pueblo.
Compleja, difícil ha sido la tarea de frenar estos actos terroristas, porque estos han gozado de complicidad o indolente tolerancia de las autoridades.
Mi país ha hecho todo lo posible por advertir al gobierno norteamericano de los peligros de estas acciones, para lo cual se han usado canales oficiales; discretos o públicos. Pero nunca se ha podido lograr una cooperación recíproca.
En la década del noventa, alentados por el derrumbe del campo socialista, grupos terroristas intensificaron sus actividades contra Cuba. Era, según sus criterios, la tan esperada hora para crear el caos final, aterrorizar al pueblo, desestabilizar la economía, dañar la industria del turismo, fomentar la crisis y dar el golpe de muerte a la Revolución Cubana.
¿Qué podía hacer Cuba para defenderse y estar prevenida de los planes terroristas en su contra? ¿Qué podía hacer en aras de evitar un conflicto de mayor magnitud? ¿Qué opciones tenía para salvaguardar la soberanía y la seguridad de sus hijos?
Una de las formas posibles de impedir los actos brutales y sangrientos, de evitar que el sufrimiento creciera con más muertes, era actuar en silencio.
No quedó otra alternativa que contar con hombres que -por amor a una causa justa, por amor a su Patria y a su pueblo, por amor a la paz y a la vida- estuvieran dispuestos a cumplir, voluntariamente, ese honroso deber en contra del terrorismo. Alertar del peligro de agresión.
Prevenir un conflicto que sembrara dolor en nuestros pueblos, ha sido el objeto de mis actos y la razón de mi deber, como lo ha sido para mis compañeros.
No hemos actuado por dinero ni por rencor. Ninguno de nosotros ha tenido la idea de hacer daño al noble y laborioso pueblo americano. No lesionamos la seguridad nacional de este país. Ahí están los récords de la Corte. Los que duden, examínenlos y encontrarán la verdad.
Los bestiales ataques terroristas contra el Centro Mundial del Comercio y el Pentágono del 11 de septiembre pasado, llenaron de indignación a quienes amamos un mundo de paz. La muerte sorpresiva e insólita de miles de inocentes ciudadanos de este pueblo nos sembró un profundo dolor en el corazón.
Nadie niega que el terrorismo es un fenómeno inhumano, despiadado y repugnante, y debe ser exterminado con urgencia.
"Para alcanzar la victoria se debe tener a disposición la mejor inteligencia posible". "Se requiere unidad para fortalecer las agencias de inteligencia, para así conocer los planes antes de que sean perpetrados y detectar a los terroristas antes que ataquen."
Esas dos afirmaciones no fueron hechas por el Presidente de la República de Cuba, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, sino por el Presidente de los Estados Unidos de América, a raíz de esos horrendos ataques. Me pregunto y me vuelvo a preguntar: ¿Esas afirmaciones no tienen valor para Cuba, que es víctima del terrorismo?
Precisamente eso es lo que Cuba ha hecho para intentar poner fin a ese flagelo, que también por tantos años ha azotado su territorio y martirizado a su pueblo.
Su Señoría,
...hubo un "juicio",
lo sabe esta Sala;
convivimos y velamos
días repletos de declaraciones,
testimonios,
indicios,
evidencias,
argumentos,
mociones,
compromisos,
dudas,
injurias,
falacias,
deliberaciones...
No vengo hoy aquí a justificar nada,
vengo a decir
la verdad.
"Sólo con ella estoy comprometido".
Acuerdo, no hubo otro que no fuera el compromiso de ser útil al mundo, de servir a una causa valedera llamada humanidad y también Patria.
Intención, no hubo otra que no fuera la de evitar la insensatez y el crimen, y salvar la flor viva de la muerte fortuita, brusca, vana y prematura.
No se traspasó. No se ultrajó. No se ofendió.
No se hurtó. No se engañó. No se defraudó.
No se intentó ni se cometió espionaje.
Nadie nunca me pidió buscar información clasificada alguna. Aquí en esta Sala lo confirmaron las declaraciones de testigos, no sólo de la Defensa, sino de la propia Fiscalía.
Léanse los testimonios del General Clapper, de Joseph Santos, del General Atkinson, por citar algunos, y se confirmará lo que con total honestidad digo.
Tal como vinieron a este recinto Dalila Borrego, Edward Donohue, Tim Carey, pudieron asistir muchas personas para explicar cómo era mi vida; para exponer qué hacía cada día. En cambio, en mi contra nadie vino, ni sería posible hallar persona alguna que, con sinceridad, señalara una falta en mi conducta ante la sociedad.
Yo amo la Isla donde crecí, me eduqué, y en la que viven mi madre, uno de mis idolatrados hijos y muchos otros de mis seres queridos y amigos; también amo a este país en el cual nací, donde en los últimos 10 años de mi vida he dado y recibido verdaderas muestras de amor y solidaridad.
Tengo la certeza de que es inevitable, no sólo un puente de amistad entre ambos pueblos, sino entre todos los pueblos del mundo.
Le corresponde a usted, Su Señoría, dictar Sentencia en este largo y tortuoso juicio.
¡Júntense pruebas y evidencias!
Voces dirán que no existen.
¡Tómense hechos y argumentos!
Voces dirán que no imputan.
¡Léanse casos y testimonios!
Voces dirán que no es posible
culpar a estos hombres.

Voces que salen del propio corazón.
Voces que llevan el vigor de lo justo.
Voces que no quisieron ser, o que no fueron
escuchadas por un jurado
que no pudo impartir justicia.
¡Se equivocaron! Su veredicto fue un sacrilegio. Pero teníamos conciencia, desde un inicio, de que tratándose del tema de Cuba, era Miami un lugar imposible a tal propósito.
Ha sido este, por encima de todo, un juicio político.
En lo personal, no tengo otra cosa que pedir: sólo justicia, por el bien de nuestros pueblos, por el bien de la verdad. Una sentencia justa, libre de ataduras políticas, plena, hubiera sido un importante mensaje en este trascendental momento de lucha contra el terrorismo.
Permítame reiterar que nunca he hecho daño personal a nadie ni causado daño material alguno. Nunca he intentado realizar acción que pusiera en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos.
Si se me pidiera una cooperación similar, volvería a hacerlo con honor. En este momento viene a mi mente con fuerza y pasión un fragmento de una carta que el general cubano Antonio Maceo, quien luchó por la independencia de Cuba en el siglo XIX, le escribió a un general español:
"No hallaré motivos para haberme desligado para con la humanidad. No es pues una política de odio la mía, es una política de amor; no es una política exclusiva, es una política fundada en la moral humana." (Fin de la cita.)
Por su sentencia, mis entrañables hermanos y yo deberemos guardar una injusta prisión, pero desde allí no descansaremos en la defensa de la causa y los principios que hemos abrazado.
Llegará el día que ya no vivamos en la zozobra del temor y la muerte, y en ese día de la historia, se verá la justicia real de nuestra causa.
Su Señoría:
¡Han pasado muchos meses y días de un encierro injusto, rudo y horrible!
A veces me he preguntado, ¿qué es el tiempo? Y como San Agustín me he respondido: "Si me lo preguntan no lo sé. Pero si no me lo preguntan, yo sí lo sé." Horas de soledad y de esperanzas; de reflexión ante lo injusto y ruin; eternos minutos donde arden los recuerdos: ¡Recuerdos hay que queman la memoria!
Tomo versos de Martí, para esta última página, que anoté en el diario de mis largos días:
"He vivido: al deber juré mis armas
y ni una vez el sol dobló las cuestas
sin que mi lidia y mi victoria viere..."
(versos libres)
Y cito en esta Sala al poeta uruguayo y universal Mario Benedetti:
"...la victoria estará como yo
ahí nomás germinando..."
Porque al final reposaremos libres y victoriosos frente a ese Sol que hoy nos ha sido negado.
Gracias.

 
 
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