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El
movimiento sindical en el magisterio
cubano
(Fragmentos del articulo publicado
en la revista "Con Luz Propia"
no. 2 por el Ing. Luis Abreu Mejias
y del libro "Un Legado Ejemplar
" de la Comisión de Historia
del SNTECD).
Los primeros años del siglo
XX y los posteriores a la Revolución
del 30, fueron testigos de las luchas
del magisterio cubano y también
de su amplia participación
en las huelgas y diferentes acciones
populares, así como en la actividad
de diversas asociaciones de maestros
como fueron: La Asociación
de Maestros Normales de Oriente, las
Asociaciones de Maestros Habilitados
en diferentes provincias del país.
La Asociación Nacional de Maestros
Habilitados, La Liga Nacional de Directores
y Miembros de Escuelas Privadas, la
Asociación de Maestros Normalistas
entre otros.
En 1933, surgió el primer Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Enseñanza
al cual se integraron, además
de los maestros, los empleados, conserjes
y alumnos de los años terminales
de las Escuelas Normales. Este fue
quizás el primer intento integrador
del movimiento magisterial en el país,
gracias a la voluntad de los dirigentes
de las distintas asociaciones en Santiago
de Cuba y Las Villas, fundamentalmente,
y al sentido unitario que adquirieran
muchas de las acciones de la lucha
contra la tiranía machadista.
Los años siguientes se caracterizaron
por la coexistencia de múltiples
organizaciones. Aparecieron, entre
otras, la Unión Nacional de
Maestros, la Asociación de
Maestros Agrícolas, la Asociación
de Educadores de Cuba, la Asociación
Nacional Educacional de Cuba y la
Federación de Maestros Rurales.
En 1945 se crea el Comité de
Unificación del Magisterio
con el propósito de reunir
a todos los maestros en una sola organización
para defender sus intereses de clase,
dando lugar al Colegio de Maestros
de Cuba, pero sin lograr en realidad
consolidar la unidad.
Posteriormente surgen el Colegio Nacional
de Pedagogos y el Colegio de Maestros
Normales y Equiparados, este último
fue un colaborador activo con el Movimiento
26 de Julio, contando entre sus principales
animadores a Frank País, Duque
de Estrada, Armando Hart y René
Ramos Latour.
Gran impulso a la lucha de los maestros,
le imprimió la intensa actividad
de las organizaciones magisteriales
de Santiago de Cuba, las cuales tuvieron
en el ambiente revolucionario imperante
en la Escuela Normal de ese territorio
y en la figura de Floro Pérez,
verdaderos inspiradores.
Al triunfo de la Revolución
y luego de varios meses de intensas
luchas contra elementos pseudorrevolucionarios,
el Colegio Nacional de Maestros Normales
y Equiparados, encabezado por el compañero
Leslie Rodríguez se convierte
en una fuerza de decisiva influencia
en la creación del Frente Revolucionario
de Unidad de todos los trabajadores
de la enseñanza y en gestor
de la Organización Única
de los Trabajadores de la Enseñanza,
la que finalmente se denominara Sindicato
Nacional de los Trabajadores de la
Enseñanza.
En 1961 se desarrolla a todo lo largo
y ancho del país la Campaña
Nacional de Alfabetización,
acontecimiento político y cultural
generado por el propio proceso revolucionario
que requería la participación
activa y consciente de las masas populares,
lo cual no podía materializarse
si los hombres y mujeres no sabían
leer ni escribir.
Aquella campaña que se llevaba
a cabo triunfalmente por un ejército
cuyos soldados eran en su inmensa
mayoría adolescentes, constituían
de hecho, la acción continuadora
de los esfuerzos por alfabetizar a
los campesinos, desarrollados por
las fuerzas rebeldes en las zonas
que iban resultando liberadas durante
la etapa insurreccional. La labor
del Departamento de Asistencia Técnico-Material
y Cultural al Campesinado (DATMCC),
la conversión de los cuarteles
en escuelas y la creación de
10 000 aulas en los primeros meses
posteriores al triunfo del 1ro. de
Enero de 1959, el otorgamiento de
trabajo a los miles de maestros desempleados
que encontró la Revolución,
la integración de los tres
contingentes de maestros voluntarios
que en el año 1960 posibilitaron
enviar a más de 3 000 cubanos
a enseñar en los más
intrincados lugares del monte y el
llano, entre otras muchas expresiones
del empeño por dotar al pueblo
de las capacidades para forjar sus
propios destinos, caracterizaron aquellos
primeros años de la Revolución.
Ya en medio de la alfabetización
y como resultado de los pasos que
le habían antecedido, se hacia
evidente la necesidad de darle organización
a aquel naciente destacamento magisterial.
Resultaba impostergable la constitución
de una organización de masas
de los maestros, profesores y demás
trabajadores de los centros educacionales,
pues como decía el propio Lázaro
Peña el movimiento obrero no
estaría completo si la Central
de Trabajadores no incluía
al Sindicato de los Educadores.
Se efectuó, un proceso de elecciones
sindicales en los centros educacionales
y de constitución de la organización
sindical en cada una de las entonces
seis provincias del país, que
culminaría con la realización
del Congreso Nacional Constitutivo
del 22 al 24 de noviembre de 1961,
exactamente un mes antes de que fuera
proclamada la victoria en la Campaña
Nacional de Alfabetización
y el país se declarara Territorio
Libre de Analfabetismo.
El Congreso Constituyente fue una
demostración del espíritu
revolucionario del magisterio cubano,
una expresión de la madurez
alcanzada a lo largo de los años
de la República Mediatizada
y de la lucha por la definitiva independencia
nacional, fue una demostración
de los valores atesorados por quienes,
ahora unidos, se colocarían
a la vanguardia en la construcción
de la gran obra de la Revolución,
la Educación, y en todas las
restantes esferas de la vida social.
La Dirección Nacional del Sindicato
quedó integrada por figuras
de reconocido prestigio en el sector
por sus condiciones revolucionarias,
calidad humana y autoridad profesional.
A los del Dr. Gaspar Jorge García
Galló que fue elegido como
Secretario General, sumaron sus esfuerzos
los profesores Raúl Ferrer
Pérez, Enzo Infante Uribazo,
José M. Fuertes Jiménez,
Leslie Rodríguez Aguilera,
Evelia Galis Menéndez, Ricardo
Franco y José Sandrino, los
doctores Alberto Abreu Lorié,
María de los Angeles Periu,
Hugo Moreno y los compañeros
Isabel Guillama e Isaac Otero Palenzuela.
Así surgía el nuevo
Sindicato, atesorando una enorme fortuna,
la profunda tradición pedagógico
cubana y el extraordinario legado
de Félix Varela, José
de la Luz y Caballero, José
Martí, Enrique José
Varona, Frank País, Pepito
Tey, Marcelo Salado, Rubén
Bravo, René Fraga Moreno y
cientos de trabajadores del sector
que habían unido su sudor y
su sangre a las de otros trabajadores,
estudiantes e intelectuales, en la
heroica gesta de más de 100
años de lucha.
Estarían los maestros y profesores
entre los primeros sectores de trabajadores
intelectuales en organizar su sindicato.
Han transcurrido cuatro décadas
desde el Congreso Constitutivo que
marcó el momento de la integración
gremial y de la unidad para la acción
en el movimiento magisterial cubano.
Después del Congreso Constitutivo
de 1961 vinieron períodos en
los que hubo un sinnúmero de
experiencias derivadas del intenso
trabajo desplegado por el Sindicato,
así como etapas de avance,
otras de cierto estancamiento, de
contradicciones lógicas resultantes
del esfuerzo por hacer avanzar la
obra, y los más disímiles
pasajes del quehacer de esta organización
que fue transitando a través
de sus congresos siempre comprometido
con su pueblo y con la Revolución.
Muchas han sido las misiones que ha
desempeñado nuestro sindicato
en estos años de duro bregar,
primero como SNTE (Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Enseñanza),
luego SNTEC (Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación
y Ciencia) y posteriormente SNTECD
(Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Educación, la Ciencia
y el Deporte). En estos períodos
ocuparon el cargo de Secretario General
del sindicato compañeros valiosos
que fueron elegidos en los diferentes
congresos, fueron ellos: Mario Ferrer
(II Congreso), Olga Amaro (III Congreso),
Julio Reyes (IV y V Congresos), Pedro
Octavio de Armas. (VI Congreso),
Luis Abreu Mejias (VII, VIII y IX
Congresos)e Ismael Drullet Pérez (X
Congresos).
El sindicato ha tenido que desempeñar
una labor muy activa en la representación
de los trabajadores y en la lucha
por la preservación de las
conquistas que trajo consigo para
los educadores y para la sociedad,
en el campo de la educación,
la Revolución.
La principal tarea de todos estos
años en los que el propósito
primario ha sido resolver la contradicción
entre masividad y calidad, consistió
y aún consiste en coadyuvar
a la elevación de la preparación
y del nivel de profesionalidad de
los docentes, así como poner
los mecanismos de trabajo sindical
en función del perfeccionamiento
del Sistema Educacional, del fortalecimiento
de la Escuela como institución
esencial y de la integración
de diversos factores como son la familia,
la comunidad, los medios de difusión
masiva y los organismos, entre otros,
con las instituciones educacionales
en la labor de formación de
nuestras jóvenes generaciones
y de elevación del nivel cultural
de la población.
Otra de las tareas fundamentales ha
sido la de garantizar la eficiencia
de los mecanismos mediante los cuales
los trabajadores materializan su participación
en la toma de decisiones sobre la
proyección, organización
y control de la marcha del proceso
de enseñanza-aprendizaje, los
aspectos de la legislación
laboral y la creación de condiciones
laborales cada vez más adecuadas,
de acuerdo con las posibilidades del
país.
Otro polo de la gestión sindical
ha estado ubicado en el objetivo de
generar motivaciones diversas, propiciar
un clima de satisfacción, de
bienestar, de compromiso, y de acentuar
valores éticos, morales, estéticos
y convicciones político-ideológicas
en cada trabajador y en cada colectivo
que estimulen e incentiven los esfuerzos
de los educadores por el perfeccionamiento
de una educación que, por primera
vez en nuestra historia, es patrimonio
de todo el pueblo y responde a los
intereses de la mayoría de
los integrantes de la sociedad.
En tal sentido se han diseñado
sistemas de emulación y, como
parte de ellos, mecanismos de estímulos
a los más destacados y a todos
los que responden con su esfuerzo
y resultados a la lucha por la preservación
y constante superación de la
obra. Los mecanismos emulativos y
sus sistemas de estímulos han
constituido instrumentos vitales del
trabajo sindical en nuestro país.
Igualmente complejo resulta trabajar
en difíciles condiciones, que
no han dejado de serlo hoy, por el
establecimiento de salarios decorosos
para los maestros y profesores, la
preparación de los cuadros
y estructuras de dirección
de todo el sistema, así como
la conformación de las normas
que la rigen por solo mencionar algunas
de las tareas en las que ha resultado
insustituible el papel de la organización
sindical movilizando las masas, reclamando
de ellas esfuerzos supremos, canalizando
sus inquietudes, organizando sus formas
de participación en las valoraciones
sobre la marcha del trabajo e incluso
en la adopción de las principales
decisiones; en fin, constituyéndose
en fiel representante de los intereses
de los trabajadores y en factor de
contribución a su formación
en los conceptos ideopolíticos
de la estructura económico-social
que garantiza la perdurabilidad de
sus conquistas.
El trabajo político-ideológico,
la formación de valores en
los alumnos y en los propios maestros,
así como el fortalecimiento
de las convicciones, han constituido
prioridades de la labor desarrollada
a lo largo de todo este tiempo y muy
especialmente en estos últimos
años en que el enfrentamiento
ideológico con los enemigos
históricos de la Revolución
ha adquirido dimensiones extraordinarias.
Mediante la profundización
en los principios ético-pedagógicos
y la promoción de la ejemplaridad
entre los educadores, el Sindicato
ha encauzado una gestión en
favor de la elevación de la
profesionalidad y del reforzamiento
del ambiente político-moral
en las instituciones del sector.
Con el triunfo de la Revolución,
el código ético del
magisterio cubano ha sido fiel continuador
y exponente de la ideología
revolucionaria, martiana, marxista
y humanista, cuyo contenido de valores
morales expresa los intereses y anhelos
de las masas trabajadoras en el poder
y en lucha permanente por la defensa
del proyecto social socialista de
independencia y soberanía nacional,
de justicia social y culto a la dignidad
plena del hombre.
En las difíciles condiciones
del período especial por las
que ha venido atravesando el país
en los años 90, definidas como
una etapa de resistencia, sobrevivencia
y de trabajo incansable para propiciar
el desarrollo y la inserción
de Cuba en las nuevas condiciones
del mercado internacional, la agudización
de la lucha ideológica tiene
como una de las causas principales
el impacto de la situación
económica en la vida material
y espiritual de la sociedad.
Ello impuso al sector de la educación,
una elevación de los niveles
de exigencia en cuanto a la calidad
del trabajo pedagógico y formativo
con los niños y jóvenes
que tendrán la misión
de dar continuidad a la obra de la
Revolución.
De notorio pudiera calificarse el
esfuerzo por organizar y desarrollar
programas de atención a las
trabajadoras y trabajadores de la
educación, por parte del Sindicato
y los restantes organismos en los
años más duros del período
especial.
Dichos programas, a pesar de ser insuficientes
y de estar lastrados en ocasiones
por la escasez de recursos y la ineficiencia
y falta de creatividad de algunos
de los que deben ejecutarlos, han
logrado importantes objetivos tanto
en la esfera de la solución
a necesidades materiales y espirituales
de los educadores, como en los de
la creación de condiciones
cada vez más favorables para
el trabajo y la vida en los centros,
y el estímulo a los destacados
en el cumplimiento de las diferentes
responsabilidades.
Hoy se desarrollan en Cuba los Programas
Especiales de la Revolución,
en los cuales los trabajadores de
nuestro sindicato desarrollan un papel
protagónico.
Podemos afirmar con orgullo y profundo
sentimiento de compromiso, que el
SNTECD, auténtico heredero
de las tradiciones de lucha del magisterio
cubano, ha sido y es un sólido
bastión en la batalla que libra
el pueblo por la defensa de su soberanía.
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